¿Es verdad?, preguntaba el tiempo viendo como el viento arrasaba los pensamientos, las velas volaban sucumbiendo a un tornado de sensaciones, la nave quedó desarbolada por el envite de las olas. El mar embraveció y el pobre pirata tuvo que ceder, se amarró a la botavara para no ser absorbido por el vendaval, negro porvenir le esperaba si no lograba anclar su bandera, estandarte con mástil de caña que quiso ondear contra viento y marea. Cayó la mesana, su palo más firme y quedó a merced de las olas, sonó un estruendo y calló la noche, un rayo de luz encendió el horizonte, y amaneció el día calmando la tempestad.
¿Es verdad?, volvió a cuestionarse, dejando transcurrir las horas. Una duda emergió y desvaneció la verdad, aquel parche le delataba. Una lágrima surgió, limpió una mota de polvo que ajaba su belleza, y corrió por la mejilla. Parecía un milagro, todos los astros quedaron perplejos, nunca antes había llorado y, aquella pequeña tela sirvió de distracción para ocultar la verdad. Lloró amargamente y aquel torrente de inquietud destrozó su cautiverio, apareció en el cristalino un mar embravecido que desarboló su mente, amaneció la razón queriendo mediar, intentó apaciguar aquel torbellino provocando su ira, entró la mirada en el alma y encontró en ella recuerdos, se encendió una luz que iluminó su camino y por fin vio y descubrió su libertad, deshizo sus ataduras y usó la cuerda para asirse a sus sentimientos, la realidad escondía el destino tras un velo que le impedía caminar, la cautela cargaba de obstáculos el sendero por el que transitaba. Se desprendió de su pesada carga y cargó de nuevo sus bodegas, bebió del sueño y abrió sus dos ojos para clavar la mirada en el horizonte, ilusionó el espíritu y dejó crecer la mañana que le llevó a descubrir un día cargado de emociones. Al fin fue dueño de si mismo y desplegó sus alas para volar, calló al silencio para poder hablar, aprendió a expresar y compartió una verdad que dormía en su memoria. Giró la noria y el tiempo comenzó a marcar el ritmo, nuevos vientos le daban respuestas que poco a poco aclaraban el destino.
Miguel Urbano Perálvarez.
Registrados los derechos de autor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario